Tiendita Virtual CCDNL-Rayones

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11/22/2006

Tiendita Virtual CCDNL-Rayones

6/05/2006

TIENDITA




Mamá Grande
productos elaborados por doña
Alma Ramos Yerena
Miguel Hidalgo S/N, Rayones N.L.
Tels. pedidos: 01-826-268-94-71
más información

Shampú de Mamá Grande
Presentación de litro: $ 55.00
Presentación de 1/2 litro: $35.00
Receta tradicional y única elaborada
de manera artesanal con productos de la región,
para fortalecer el cuero cabelludo,
favorecer el crecimiento del pelo y
tratar los problemas capilares de toda la familia
Producto natural hecho a base de:
*Sávila *Amole *Drago *Romero *Nogal
Deliciosos dulces caseros



Vivero plantas ornato, frutales, nativas y bonsai


Hospédese en casa de Mamá Grande
Mamá Grande cuenta con dos habitaciones confortables
y totalmente equipadas
a dos cuadras de la plaza principal de la cabecera municipal.
Costo por día: $200.00


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Pablo O´Higgins en Rayones

Pablo O´Higgins pintado por Leopoldo Méndez

Uno de los más importantes muralistas mexicanos, junto a Rivera, Orozco y Siqueiros fue Pablo O´Higgins. Pintor norteamericano que vivió en México y aportó gran parte de su obra a nuestro país. Fue aquí en Nuevo León donde conoció a doña María de la Fuente, originaria de Rayones, con quien se casó y vivió el resto de su vida. Ambos pasaron largas temporadas en Rayones N.L., lugar que él eligió para descansar eternamente. Rayones guarda aún la memoria del paso de don Pablo por sus paisajes. Para conocer más sobre su vida y obra visita:

Biografía y obra de Pablo O´Higgins

Pablo O'Higgins y la diáspora artística I

Pablo O´Higgins y la diáspora artística II

María de la Fuente de O´Higgins pintada por Pablo

Gastronomía


ASADO VERDE



INGREDIENTES:

2 KG. Carne de Puerco

7 Chiles para Rellenar

10 Chiles jalapeño Verde

2 Cucharadas de Orégano

1 Cucharada de manteca de puerco

1 Cucharada maseca o harina

Ajo y sal al gusto


MODO DE PREPARACION:

Se corta la carne en trocitos, se pone a calentar el sartén con manteca, se le agrega la carne y se deja hasta que se dore bien que queden como chicharrón., aparte de pone a asar los chiles para rellenar y el chile jalapeño se pone a cocer, ya que estén asados y cocidos los chiles, se licuan con el ajo, el orégano y una cucharada de harina o maseca, una vez que este la carne dorada se le agrega la salsa ya licuada y se deja hervir por unos 10 minutos aproximadamente, este platillo se puede acompañar con sopa de arroz y frijoles molidos.

Receta proporcionada por: SRA. MARISOL GAONA PEREZ



CABRITO EN SALSA

INGREDIENTES:

1 Cabrito tierno

1 kg. De tomate rojo

1 cebolla

1 cucharada grande de manteca de cerdo

1 cucharada sopera de maizena

5 chiles serranos

3 dientes de ajo grandes

½ cucharada de orégano

1 pisca de comino y pimienta

sal al gusto




MODO DE PREPARACION:


Se parte el cabrito, sin la cabeza, dentros, ni higado, y se pone a cocer con un poco de agua, sal y ajo picado en una cazuela de barro grande y se tapa para que suelte la carne el jugo cuando se cuese, se le agrega la manteca y se frie, se le agrega la cebolla cortada en aroz, los chiles cortados en rueditas, y el tomate molido con el comino, la pimienta , la maizena y el orégano, a que quede caldudito, se hierve un poco mas y se corrige el sason.



Receta proporcionada por: SRA. ALMA RAMOS YERENA

Fiestas tradicionales

Enlaces de Interés

Turismo


Aventura rumbo a La Ventana
Este texto apareció en la columna Desafío Extremo, Periódico El Norte, 5 de junio 2006

Juan Guillermo Ordóñez
Hace algunos años, fui invitado por Carlos Lazcano a realizar algunas travesías por el estado de Chihuahua, particularmente en la Sierra Tarahumara. Carlos es uno de los exploradores más reconocidos de México, sobre todo en el campo de la espeleología, y tiene algunos libros publicados.En una de nuestras charlas, cuando le mostraba mapas de la sierra nuevoleonesa, me comentó que en sus épocas de estudiante vivió un año en Monterrey y se acordaba, por sus salidas a la montaña, de un puente de roca natural impresionante, que probablemente rebasaba los 100 metros de claro, incluso mencionó que algunas avionetas pasaban por su interior.


Después de batallar un poco con los recuerdos medio empolvados que vagaban en la mente de Carlos, fuimos atando cabos, como armando un rompecabezas, y por fin dimos con el mapa en donde se ubicaba el famoso puente natural de roca.Estos puentes suelen llamarse puentes de Dios, y en nuestro caso el puente era un enorme orificio en la sierra, en Rayones, de ahí el nombre que desde tiempo atrás le habían dado los lugareños al llamarlo La Ventana.Tal es su magnitud, que la sierra en la que se encuentra ha sido bautizada como La Ventana.

Aún cuando la carta topográfica del INEGI (Rayones g14,c46) mostraba la simbología y la presencia del sitio, yo estaba incrédulo y le comentaba a Carlos que jamás lo había visto, y vaya que había recorrido el tramo de Casillas a Rayones más de media docena de veces, en motocicleta, jeep y bicicleta de montaña.Una vez en Monterrey, no tardé en ir a investigar en donde se ubicaba la gran Ventana. Después de llegar al municipio de Rayones tomé la terracería con destino a la comunidad de Casillas.



A 28 kilómetros de la cabecera municipal se encuentra la comunidad de Emilio Carranza y a partir de ahí uno puede observar esta maravilla natural que se encuentra en lo alto de la sierra y a 4.5 kilómetros del camino en línea recta.En los siguientes 4 kilómetros se encuentran las comunidades de La Ventana y El Ancón, desde donde se obtienen buenos ángulos de este puente natural y donde se encuentran las personas que conocen las veredas que llevan al mismo.Tomé algunas fotografías y continué por el camino en busca de algunos parajes más.



Con respecto a La Ventana, ya tenía información suficiente para preparar una expedición hacia ella.Según los lugareños, no era necesario acampar en lo alto de la sierra, pero sí se requería de una caminata de unas ocho horas a buen paso, incluyendo ascenso y descenso.Tardé un año en regresar al cañón del Río Pilón, con la mira bien puesta en La Ventana, pero como suele suceder en la mayoría de las veces que entablo conversación con los lugareños, al desenrollar los mapas en el cofre del jeep y después de ubicarlos en los mismos, empiezan a llover sugerencias de otros lugares igual o más interesantes, al menos más remotos y menos conocidos.

Para variar caí en la tentación y decidí posponer La Ventana para otra ocasión y enfilarme a conocer algunas cascadas y cuevas, así como la interesante vereda que lleva al tragadero o nacimiento del Río Pilón.El año siguiente recorrí en varias ocasiones este cañón, incluso desde su formación en el estado de Coahuila, donde es llamado cañón de Potrero de Ábrego. Y fue en una de esas ocasiones que decidí el ascenso a La Ventana.El día previo a la travesía hacia La Ventana, mis guías me recomendaron salir a más tardar a las 8:00 de la mañana para evitar en lo posible los rayos solares y tener holgura para cualquier contratiempo.

A la mañana siguiente, salimos puntuales por una vereda que partía de la comunidad de La Ventana; a poco de iniciar la caminata, mis guías me llevaron a un sitio donde se daban unos árboles con grandes espinas en forma de cruz, me comentaron que eran muy escasos y que sólo se daban a una determinada altura de la montaña.Me quedé sorprendido, ya que eran espinas de singular belleza y muy parecidas a como representan la corona de espinas de Jesucristo. Para mí, ese tipo de espina sólo existía en el centro de la República.Además de ser gentes de campo, mis guías me comentaron que los fines de semana a veces iban a jugar futbol a Rayones y les gustaba la actividad física, así que el paso que tomamos fue bastante intenso.

En poco menos de dos horas llegamos a una planicie en medio de la sierra, algo parecido a la meseta de Chipinque, mis amigos me comentaron que era una labor de un viejo ermitaño que años atrás había habitado en esa zona; eso explicaba la existencia de la vereda.De ahí en adelante tratamos de seguir por senderos de chivas abandonados, aunque con machete en mano.Una hora y media más tarde, estábamos a escasos 150 ó 200 metros de la base de La Ventana, y la vista era espectacular; el arco es impresionante y su altura ronda el centenar de metros.



Me dispuse a preparar el equipo fotográfico y, para cuando les comenté a mis amigos que tomaría unas fotografías, me di cuenta que ellos ya tenían todo un plan bien definido, traían aguacates, tomates y cebollas para darle más sabor a unos tacos de frijoles con chile, o más bien de chile con algo de frijoles.Después de unas buenas tomas fotográficas, decidí que mis barras de granola podían esperar para otra ocasión y le entré a los tacos.Durante el retorno, mis guías me platicaron que durante toda una semana podían llevarme a parajes en la sierra que sólo los viejos y algún lugareño amante de la montaña conocen.Por fin había realizado el ascenso a la base de La Ventana y mientras me refrescaba en el Río Pilón, caí en cuenta de que en la Sierra Madre, entre más conoces, más alternativas surgen y el desafío nunca termina.

lasillaexplora@intercable.net

Garganta del Diablo es toda una odisea

Juan Guillermo Ordóñez


Eran las 8:00 de la noche y empezaba a oscurecer en el cañón en que me encontraba; todavía no asimilaba claramente mi situación, llevaba poco más de una hora en reposo completamente empapado y los principios de hipotermia se empezaban a sentir.La temperatura era de unos 18 grados, pero durante la noche bajaría a menos de 10. Sin cerillos, casi sin comida y sin líquidos realmente estábamos en problemas.Pasar la peor noche de nuestras vidas sería el precio del privilegio de descubrir el cañón más técnico jamás descendido en Nuevo León, o tal vez esa noche sólo era el preámbulo de una pesadilla en esa cañada que se ganó a pulso ser bautizada como La Garganta del Diablo.

Todo empezó cuando mi esposa, Rebeca, y yo pasamos un fin de semana en Lagunillas, punto intermedio entre Laguna de Sánchez y la comunidad de La Cebolla.La idea era que Daniel, un lugareño, nos guiara a la cumbre llamada Pico del Águila para observar toda la sierra, desde El Potosí hasta Monterrey y desde Jamé, en Coahuila, hasta Montemorelos.La vista fue impresionante y entre lo mucho que observé había un gran salto en la cañada al pie del Pico del Gavilán, justo enfrente de donde nos encontrábamos. La caída estaba seca, pero se veía tan claramente a esa distancia, que me indicaba que su altura podría ser de hasta un centenar de metros.Regresé a Monterrey con la idea de estudiar el acceso a ese cañón y preparar una expedición.Con la llegada del huracán Emily, en julio del 2005, las probabilidades de encontrar el cañón con agua eran altas, así que Gustavo Casas, guía certificado en cañonismo, y yo preparamos la travesía tan pronto los caminos lo permitieron.Así, un día de agosto salimos a las 6:00 de la mañana de Monterrey con destino a Puerto Genovevo, la Ciénega de González , la Laguna de Sánchez, Lagunillas y finalmente las primeras casas de La Cebolla, en la sierra del mismo nombre.

Llegamos a casa de Marcial, un lugareño que nos advirtió que el cañón se cerraba mucho y que tenía grandes saltos que lo hacían impenetrable; de hecho, era un misterio lo que había en sus entrañas.Estudié el mapa y la zona de rappeles era de poco más de 2 kilómetros, por ello decidimos llevar alimentos y comida para unas cinco horas, e ir lo más ligeros posible.Ante el comentario de Marcial de que el arroyo llevaba poca agua decidí prescindir del traje de neopreno y del chaleco salvavidas.Nos despedimos de él a las 10:30 de la mañana llevando nuestro equipo de descenso y quedamos de volver en cuatro o cinco horas.Llegamos al inicio de la cañada y de ahí seguimos por el arroyo.Como a la media hora de caminata nos topamos con la primera cascada. A ésta, como a las dos siguientes, la pudimos haber rodeado, pero como "teníamos todo el tiempo del mundo" las bajamos a rappel.Más adelante nos topamos con un cuarto rappel que no ofrecía opciones. Éste fue nuestro punto de no retorno.Todo iba de maravilla, y como a las 12:30 llegamos a la gran caída que había observado meses antes, el sitio era muy escénico y lo aderezaba una cascada de cerca de 30 metros con la que un arroyo vecino se vertía en el cañón.Traíamos dos cuerdas de 60 metros y estábamos ante un desnivel de 70, por lo que tuvimos que hacer algunos malabares, disponer de todo lo que pudiera darnos esa distancia extra; bandolas, cordinos y hasta las líneas de vida.Fue divertido superar esta caída improvisando, pero se nos fue más de una hora en el intento, tiempo que valdría oro más tarde.El cañón se abrió y se volvió más horizontal los siguientes 45 minutos, aunque con algunas desescaladas y brincos de mediana dificultad; incluso, detectamos huellas de ganado, lo que nos indicaba que tal vez ya no habría desniveles intrincados y nos tranquilizaba la posibilidad de encontrar salidas alternas en caso de emergencia.De nuevo el cañón se volvió un cuello de botella y muy vertical; un rappel de unos 30 metros que concluía en grandes y profundas fosas nos daba la bienvenida a una zona de continuos chapuzones en agua muy fría. De nuevo nos adentrábamos en zona de no retorno.

Eran como las 4:30 y los picachos de la Sierra de Pozos y el Puerto Talladeros, a un par de kilómetros de nosotros, nos decían que nuestra aventura estaba a punto de concluir.Seguimos a disfrutando del cañón, aunque éste se cerraba cada vez más, impidiendo la presencia del Sol, lo que empezó a calar en la piel.Una hora después nos disponíamos a realizar lo que parecía el último rappel; descendí primero y observé que a unos 50 metros el cañón se cerraba más, al grado de traslaparse sus paredes en algunos puntos y con alturas de entre 50 y 100 metros.Decidí reconocer lo que nos esperaba mientras Gustavo bajaba y me topé con una caída que culminaba en una especie de embudo de roca maciza de unos 40 metros de profundidad, lo estrecho del laberinto impedía ver qué pasaba con el arroyo, si se resumía, si daba vuelta o si continuaba en forma subterránea.Cuando Gustavo llegó se habaía desatado un aguacero. Por un lado teníamos la salida a menos de un kilómetro y, por el otro, no podíamos continuar ante el riesgo de una creciente; sería como jugar a la ruleta rusa.Decidimos esperar a que el agua menguara y escalar mientras a una repisa para visualizar cuánto realmente nos faltaba para salir del cañón, cuyo nombre de Garganta del Diablo había empezado a fraguarse.

Como a las 7:00 la lluvia había disminuido y Gustavo decidió bajar a explorar para ver qué había más allá del embudo gigante, ya que existía una variable que podía complicar la situación, pues sólo teníamos dos cuerdas de 60 metros, que permitirían descender la misma distancia (la cuerda tiene que anclarse doble para poder recuperarse).Gustavo logró doblar a la derecha y seguir hasta que se le acabó la cuerda... estábamos ante una especie de caracol gigante y casi vertical con paredes de hasta 100 metros de altura y en ocasiones con sólo un metro de distancia entre una y otra.Cuando volvió Gustavo eran casi las 8:00 de la noche y el veredicto era obvio: imposible seguir de noche.La posibilidad de lluvia, la llegada de una creciente, ¿saltos de más de 60 metros?, ausencia de anclajes en el interior con rocas redondeadas con el correr del agua, riesgo de caer en hipotermia ante la baja temperatura y la escasez de alimentos significaban un peligro que podría considerarse de vida o muerte.Buscamos un pequeño refugio contra el viento, accesible a una salida del corazón del arroyo, ante una posible creciente.Con la última luz del día limpiamos de rocas una pequeña entrada en la pared y sacamos todo de las mochilas y las usamos para atenuar el contacto de la espalda con el suelo.Con los cascos como almohadas, con la ropa mojada, con hambre y principios de hipotermia, teníamos que serenarnos y objetivamente hacer un inventario físico y mental de la situación.Entre los dos juntábamos como litro y medio de agua, una lata de atún, un lonche, dos tiras de galletas habaneras y un pequeño bote con cacahuates.

Gustavo traía traje corto de neopreno, chaleco salvavidas y licras largas, yo contaba con pantalón largo y playera de manga corta, ambos de fibra sintética.Habíamos reducido el botiquín de apoyo a lo mínimo, ya que era una travesía de "horas", pero aun así contenía, entre otras cosas, dos sábanas térmicas y una lámpara.Abrimos las sábanas y ¡oh!, sorpresa, la primera estaba totalmente cristalizada y quebradiza. Con los pedazos me fabriqué una especie de chaleco que puse debajo de mi jersey mojado, la otra sábana estaba menos deteriorada, por lo que Gustavo podría utilizarla.Había que pensar y decidir qué hacer, pero en ese momento la fatiga era grande, así que nos comimos una tira de galletas habaneras, con unos tragos de agua e intentamos conciliar el sueño.Desperté temblando y miré el reloj; las 10:00 de la noche, ¡apenas una hora¡, estaba muy cansado, pero el frío era más fuerte.Saqué el equipo fotográfico de la bolsa plástica especial contra agua y me la coloqué en el pecho, algo ayudó; después hice 15 minutos de ejercicio para calentarme.Luego de jogging estacionario, brincos sobre una cuerda imaginaria y algunas lagartijas, entré en calor y logré dormir.

A pesar de que por su indumentaria Gustavo estaba un poco más protegido que yo, vivía su propia odisea, ya que sus reservas de grasa son casi nulas.Desperté una hora más tarde de nuevo temblando, pero más tranquilo, pensando que con la fórmula de 15 minutos de ejercicio cada hora saldría adelante.A eso de las 7:00, desperté sorprendido de que la mente había ganado la batalla del cansancio, el frío, el viento y el hambre.Ahora sí había que decidir qué hacer. Una alternativa era esperar un rescate aéreo o por tierra.Sugerí a Gustavo que descartáramos esa idea, ya que era imposible para un helicóptero llegar a ese punto, y como era un sitio desconocido, los rescatistas que pudieran ir por tierra caerían en nuestra misma situación. Pero un día más y otra noche así, y sin alimentos, implicarían mucho peligro.Mientras pensábamos cómo podríamos continuar, ya que sólo era como un kilómetro lo que faltaba, decidimos subir de nuevo a la repisa y visualizar, ya con el sol, cuánto nos faltaba realmente.

Nuestra sorpresa fue oír la voz de Marcial, que trepado en un peñón a la salida del cañón nos había ido a buscar. La distancia impedía entendernos, pero nos aclaró que, en efecto, nos separaba de él poco menos de un kilómetro.Nos tranquilizó saber que alguien sabía de nuestra ubicación.Decidimos que partiríamos ya con el sol más fuerte, a las 10:30 de la mañana, por lo que había tiempo de sobra para desayunar medio lonche y media lata de atún.Bajamos hasta donde había llegado Gustavo el día anterior y encontramos una gran roca que podía funcionar como anclaje. Aquí tomamos dos decisiones importantes: recuperar la cuerda, lo que nos dejaba en la misma Garganta del Diablo sin posibilidad de retorno, y cortar 3 metros de cuerda para el anclaje.Recuerdo que en esos momentos me invadía una sensación de seguridad y actitud positiva, seguramente proveniente de arriba.

Cortamos la cuerda y descendimos por una cascada en curva de 25 metros, luego una abrupta pared vertical, con el cañón cerrado a un metro de espesor, lo que daba la sensación de estar bajando por un túnel.Las emociones eran encontradas, por un lado la ansiedad de que se acabara la odisea y sentirse a salvo y, por otro, disfrutar el escenario.Encontramos otra cascada, ésta en forma de tobogán que terminaba en una fosa con una pequeña caverna; el problema aquí fue encontrar una roca para el anclaje; tuvo que ser una un poco retirada, por lo que se cortaron 5 metros más de cuerda.Después de este descenso, el arroyo corría en forma horizontal; nos detuvimos en un punto donde nos daba el Sol, ya que el agua fría comenzaba a mermarnos. De nuevo una cascada, pero esta vez en caída libre. De ¿cuantos metros? Imposible saberlo, el fondo no se veía.Aquí el problema fue que una de nuestras cuerdas ya sólo tenía 50 metros y si la cascada era más profunda, no podríamos avanzar y el retorno era imposible.Por fortuna, Gustavo, que en esta ocasión descendió primero, comprobó que la caída era de unos 40 metros.Cuando los dos estuvimos abajo, mientras él recuperaba las cuerdas decidí avanzar, ya que se vislumbraba un tramo de natación como de 50 metros que finalizó muy iluminado, preámbulo de que estábamos a la salida de la Garganta del Diablo.

Nos esperaba una caminata por el arroyo y después unos 7 kilómetros en ascenso por el camino a nuestro jeep.Mientras caminábamos, meditábamos lo ocurrido y el gran aprendizaje que nos dejó: comprobamos que no hay enemigo pequeño.Por razones obvias, la cobertura fotográfica del cañón se truncó, así que menos de una semana después regresamos para hacerla, satisfechos porque con el descubrimiento de este cañón avanzamos una página en el desafío que nunca termina.

kreathor@att.net.mx

Texto aparecido en El Norte 6 de agosto de 2006

4/26/2006

¿Cómo se llega a Rayones N.L?

Ruta de acceso:
Desde Monterrey se toma la carretera Nacional con dirección al sur, después de pasar Allende N.L. y a unos cuantos kilómetros de la comunidad Congregación Calles, hay que dirigirse al poniente, hacia el rumbo del Bioparque Estrella. Rayones queda a 52 kms. desde la carretera Nacional. El camino es pavimentado pero se recomienda conducir despacio por lo sinuoso del camino y para apreciar los bellos escenarios de la sierra Madre Oriental.






Vistas de Rayones N.L.





Más imágenes de Rayones: http://spaces.msn.com/ccdrayones/